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Si nos
dijera alguien que nos creemos autosuficientes, sin dudarlo diríamos
que no: tenemos no pocas experiencias a lo largo de nuestra vida
familiar, profesional, afectiva, etc. para fundamentar esta
respuesta. Sin embargo, no pocas veces nuestra vida sacramental,
espiritual, religiosa parece que afirma que sí soy autosuficiente,
porque pienso que no necesito acudir a medios de formación
espiritual, que llevo una vida de piedad bastante buena o al menos
suficiente...
De la
mano de Benedicto XVI vale la pena que consideremos estas palabras
suyas para la Cuaresma del 2010: “Convertirse a Cristo, creer en el
Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la
autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia,
indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su
amistad”.
No es
fácil reconocer esta posible contradicción, que nos lleva a no
creernos autosuficientes y al mismo tiempo comportarnos como si lo
fuéramos Se requiere una gran sinceridad con uno mismo y mucha
humildad, virtud que se confunde con la falta de personalidad, con
ser persona acomplejada, poco segura de sí misma. No es así: la
humildad es la verdad decía santa Teresa de Jesús. Y el papa decía
también en ese mensaje para la Cuaresma que “hace falta humildad
para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para
darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los
sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía”.
José Luis García Labrado, Capellán de Seaska
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