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Ha
dicho Benedicto XVI que "la Tradición es el río vivo que nos une a
los orígenes, el río vio en el que los orígenes siempre están
presentes. El gran río que nos lleva al puerto de la eternidad".
Por
eso, la tradición de la celebración cristiana de la Navidad nos une
a los orígenes, nos une a la noche de Belén en la que nace Dios en
la tierra, Hijo de Dios e Hijo de María. Los orígenes, es decir, lo
que ocurrió hace más de dos mil años en un pesebre en Belén, están
presentes en la medida que de modo festivo celebremos que Dios ha
venido a la tierra para hacerse uno de nosotros, para ser nuestro
modelo, para salvarnos, para hacer visible su Amor por nosotros. Las
tradiciones vividas en la familia forman parte integral de la
identidad de esas familias. Por tanto la tradición cristiana de
celebrar la Navidad forma parte integral de las familias cristianas,
de su identidad como tales.
Decía
también el Papa que "si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué
sentido tiene celebrar la Navidad? La celebración se vacía. Ante
todo, nosotros, los cristianos, tenemos que reafirmar con convicción
profunda y sentida la verdad de la Navidad de Cristo".
Para
hacer familia cristiana con la celebración cristiana de la Navidad
ayuda poner el "nacimiento", rezar delante del Niño Dios, de María y
José, cantar villancicos, escucharlos en un CD, ir a Misa a ser
posible toda la familia junta o la mayor parte, recibir la Comunión
eucarística... Por eso, entre los preparativos de la Navidad no
debería faltar hacer una buena confesión para recibir con el alma
purificada al Niño Dios en la Nochebuena.
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